Parte 3: Una brecha que no es estrecha

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Cuando una novela ha sido adaptada al cine, la gente que vio la película y leyó el libro suele afirmar que “es mejor el libro”. Esto quizás se debe a la absoluta libertad que tiene el lector para imaginarse las situaciones, los héroes y las heroínas como le plazca, y porque ese acto imaginativo es también un acto creativo y en general, lúdico. Uno de los retos más importantes para los libros digitales interactivos es enriquecer y no limitar la experiencia de lector, para lo cual no hay recetas ni caminos sin controversia.

La brecha entre el libro digital interactivo y el libro impreso aún es abismal. Todavía existen autores que no consideran suficientemente dignas las publicaciones digitales. Aseguran que no hay nada como sentir el olor del papel y la tinta y que un libro como objeto es más que sólo su texto. Quizás tienen razón, pero casi nadie se resiste a la amplia difusión de los libros digitales y más de uno sucumbe todos los días en la tentación de probar los nuevos recursos que ofrecen las tecnologías para desarrollar contenidos.

En el otro extremo están los que ven lo impreso como anacrónico. “A mi no me importan los libros, sino la literatura“, dice una joven poeta digital, aunque, reconoce “aún me gustan algunos poetas textuales“.

Yo misma me he preguntado como autora qué tan radical estoy dispuesta a ser en este tema. Si lanzase un contenido, una historia, una parte de una historia, algo ¿podría sentarme tranquilamente a ver cómo es reelaborado, recreado, destrozado por los wreaders, hasta que no se parezca en absoluto a mi idea primera? ¿O me sentiría más cómoda acotando las posibilidades, manipulando a mis lectores-escritores para volver a apropiarme de mis contenidos, después de agradecer su participación?

El libro digital interactivo es una puerta a un horizonte de re-creación de contenidos y colaboración, a una idea de autoría más cercana a la del libro antiguo que a nuestra concepción contemporánea, en la que la dupla autor-editor son las figuras centrales del mundo del libro y por ello, precisamente, el libro digital interactivo sigue provocando vértigo a los autores y editores, así como buenas esperanzas a los lectores.